José Miguel Benavente

Miembro del Consejo Nacional de Innovación para la Competitividad y académico de la Escuela de Negocios de la UAI.

Presupuesto público para la ciencia, tecnología e innovación

Columna de José Miguel Benavente. Hay que estar atentos a lo que el Ejecutivo propondrá como aumento en el esfuerzo público en ciencia, tecnología e innovación en el presupuesto del 2014.

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Durante estos días debería ser enviada al Congreso la propuesta de presupuesto fiscal para el año 2014. Este ritual republicano manifiesta las preferencias que tiene el Ejecutivo de potenciar algunos programas de apoyo público, como también la sugerencia de recudir otras líneas e incluso algunas lisa y llanamente cerrarlas del todo. Se supone que los argumentos esgrimidos para estos cambios derivan de una evaluación tanto económica como política de cada una de ellas.

Las partidas del presupuesto que suelo mirar con más cuidado son aquellas relacionadas con las actividades científicas, tecnológicas, de innovación, emprendimiento y competitividad. Obviamente no es fácil hacerlo pues estas partidas están en más de cinco ministerios diferentes y bajo centenares de programas y líneas de apoyo. El Consejo Nacional de Innovación ha hecho una tarea muy cuidadosa de seguir de cerca estas partidas de manera de evaluar su evolución, discutir aquellos casos que parecen no funcionar como también promocionar aquellos que sí han tenido o se espera que tengan un gran impacto.

No obstante lo anterior, si revisamos cualquiera de los indicadores relacionados con los esfuerzos que se hacen en estas materias estamos muy retrasados para lo que se espera de un país con un ingreso por habitante cercano a los US$ 20 mil. Como muestra, un botón. Hace rato que ya deberíamos estar invirtiendo por sobre un punto del PIB en estas actividades. Hoy, el gasto chileno en I+D sobre el producto es la mitad de aquello. Otro caso. Si comparamos la cantidad de investigadores con nivel de doctorado vinculados a la minería, nuestros competidores más cercanos como Canadá o Australia tienen veinte veces (1.900%) más doctores por tonelada métrica de cobre que nosotros. Algo similar se observa en el sector acuícola y forestal.

Pero para que lleguemos a invertir un punto del producto en I+D, no nos engañemos. El presupuesto público en estas actividades debería crecer a razón de US$ 150 millones por año en forma sistemática por los siguientes cinco años. Netos, sin considerar arrastres de años anteriores. Esto es un crecimiento levemente superior al 5% real por año.

No obstante lo anterior, parte de este apoyo público debe estar orientado a promover las inversiones en actividades científicas y tecnológicas en el mundo privado. Para que los números cuadren, es decir que cerca de dos tercios del gasto en I+D sea financiado por el mundo productivo, tal como ocurre en países con un ingreso por habitante cercano a US$ 30 mil, dicha inversión privada debería crecer a un ritmo de un 15% por año. Es decir tres veces el ritmo público.

Es bueno estar atentos a lo que el Ejecutivo propondrá como aumento en el esfuerzo público en ciencia, tecnología e innovación en el presupuesto del 2014. Como también la forma en que el sector productivo se compromete para complementar este esfuerzo que hacemos todos los chilenos.

Columna publicada originalmente en Diario Financiero.

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