Innovación en Chile

Innovación, crecimiento y desarrollo

Imagen de Eduardo Bitrán
Eduardo Bitrán

Eduardo Bitran Colodro es Ingeniero Civil Industrial de la Universidad de Chile y Doctor en Economía de la Universidad de Boston. Se ha desempeñado como gerente general de Corfo, director general de Fundación Chile y ministro de Obras Públicas. A partir de abril de 2008 se desempeña como presidente del Consejo Nacional de Innovación para la Competitividad.

El Consejo Nacional de Innovación (CNIC) planteó en 2007 la necesidad de duplicar el ingreso per capita en 15 años para llegar al desarrollo al año 2021 y que para ello el país debe recuperar las tasas de crecimiento por sobre el 5%.

Advirtió, además, que más de lo mismo en esta nueva fase de la economía chilena no es suficiente para llegar a la meta en el horizonte propuesto, y por ello Chile debe abordar el desafío de la productividad, fortaleciendo la innovación empresarial y mejorando la calidad de nuestro capital humano.

No se puede desconocer el aporte que puede significar a esta tarea una mayor flexibilidad microeconómica, entendida como un concepto que va mucho más allá de la flexibilidad laboral y que refiere a la capacidad de las empresas de enfrentar cambios adversos y aprovechar oportunidades de entornos cambiantes, especialmente en un contexto de shocks externos que afectan a nuestras economías. Sin embargo, lo sustancial de la solución para el crecimiento de Chile pasa por una inflexión que nos permita pasar de una economía en que el motor de crecimiento son los recursos naturales a una economía más basada en la innovación y el capital humano de calidad.  

Con esta visión se estableció un impuesto específico a la minería como un aporte extraordinario a la inversión en ciencia, tecnología y capital humano. Esta fuente de recursos ha permitido doblar la inversión del Estado en el Sistema Nacional de Innovación, pero el desafío hoy es acelerar el involucramiento del sector privado en el desafío de poner a la productividad y la innovación como motores del crecimiento económico nacional.
En el mediano plazo, el desafío se puede enfrentar mediante mejoras en las prácticas de gestión, la incorporación de tecnologías en las empresas existentes como también incrementando las competencias laborales de la fuerza de trabajo. Esto requiere reformular el rol del Estado y de alianzas con el sector privado para generar mecanismos eficientes en todas estas áreas. Se trata de acercarnos a la frontera de posibilidades de producción, no de mover la frontera. En teoría es lo más fácil, ya que la inversión en este esfuerzo tiene bajo riesgo y costo y alto retorno a plazos más cortos, pero es una de las áreas en que menos hemos avanzado en los últimos años.
En el largo plazo, en tanto, sólo el desarrollo del emprendimiento innovador y una cultura que valore el aporte de la tecnología y la innovación en los sectores tradicionales podrán generar una inflexión hacia una economía más basada en el conocimiento. Para ello, deberemos aplicar políticas que introduzcan una mayor presión competitiva en los mercados, pero al mismo tiempo será necesario generar incentivos a la inversión en I+D, que mueva a las empresas actuales a incorporar mayor innovación en sus procesos y, lo más importante, innovar en productos para diversificar y sofisticar nuestras exportaciones.
Será necesario también continuar avanzando en la generación de una ecología para el emprendimiento innovador. ¿Cómo? Facilitando el capital de riesgo tecnológico extranjero, para lo cual se debe reducir el impuesto de 35% que actualmente lo afecta. Promoviendo redes de inversionistas ángeles, lo que obliga a generar incentivos tributarios. Promoviendo capacidades de desarrollo tecnológico, mediante una política de generación de institutos y centros que sirvan de puente entre el ámbito de la ciencia y el emprendimiento. De la misma forma, se deben definir los bienes públicos que son fundamentales para el desarrollo de diversos sectores: su carencia inhibe el desarrollo sostenido de importantes actividades. Un ejemplo es la crisis sanitaria del salmón, donde además de una visión empresarial de muy corto plazo, hubo un déficit en el desarrollo de la información ambiental y sanitaria, en los sistemas de monitoreos y en las capacidades tecnológicas comunes necesarias para un desarrollo sostenible del sector.
Por último, para avanzar a un crecimiento más sostenido y con continua sofisticación de nuestra base exportadora es fundamental, también, fortalecer la ciencia de base orientada a generar el conocimiento relevante para hacer frente a los desafíos de nuestro desarrollo.
Debemos crear más incentivos para el desarrollo de la llamada Tercera Misión de las universidades, para transformarlas en actores relevantes en la inflexión a una economía más basada en el conocimiento. Esto implica fortalecer la generación de competencias relevantes en el capital humano que forman; armonizar la duración y los currículos de las carreras con los de países desarrollados; aumentar la generación de profesionales capaces de establecer puentes entre el mercado y la ciencia y la tecnología; realizar un esfuerzo de investigación con propósito, con mecanismos que faciliten la valoración del conocimiento que se genere y su integración con fines productivos y comerciales. 
Un aspecto fundamental es que el programa de Becas Bicentenario debe estructurarse de modo que sea complementario al esfuerzo de formación de capital humano avanzado que realizan las universidades chilenas. De otro modo, impulsaremos una diáspora de talentos que lamentaremos.
Fecha : 
15 diciembre, 2009